Nos despertamos tempranito para evitar viajar con el calor del mediodía.
Después de la cena habíamos recibido la feliz noticia de que nos hospedarían en Valencia y una vez más nos fuimos a dormir con la sensación de que las cosas, solitas, siempre se van dando.
Seba amaneció con fiebre – nada extraño al exponerse constantemente a fuertes cambios de temperatura – lo que atrasó un poco todo, pero finalmente a primera hora de la tarde tomamos el pequeño autobús que, después de dos calurosas horas, nos dejaría en Valencia.
(más…)