Al ritmo de Moliendo Café

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Con Aida y Lioedgar!

Apenas amanecía cuando llegamos. Medio congelados, medio dormidos, buscamos la estación de metro para llegar a casa de Lioedgar y Aida, una vez más haríamos CS.

El transporte público nos sorprendió. Mucho nos hablaron sobre los peligros y los volúmenes de gente, pero nadie mencionó la limpieza, el orden y mucho menos el aire acondicionado!!.

Por apenas unas monedas cruzamos la ciudad muy cómodos, claro era sábado y bien temprano. Ya instalados en la casa de la pareja almorzamos y aceptamos la invitación de conocer el Ávila, un gran cerro al norte de Caracas convertido en Parque Nacional para garantizar su preservación.
Desde allí además de disfrutar de la naturaleza, se puede tener una linda vista de la ciudad, que en este caso se vio opacada por una cortina de humo que cubre la zona. La sequía se hizo sentir otra vez.

Durante la mañana siguiente comenzamos con las averiguaciones sobre nuestro próximo destino, pero pese a nuestros esfuerzos todo quedó en la nada.
El plan era ambisioso: llegar a un grupo de islas paradisíacas que se encuentra a solo 100 kms de la capital. Nuestra intención era sumarnos a la tripulación de algún navío mercante y para ello fuimos hasta el puerto y hablamos con cuanto personaje se nos cruzó en el camino.
No hubo caso, los controles de seguridad son muchos y muy estrictos y bajo ninguna circunstancia aceptarían a dos polizontes a bordo =oP

Volvimos para la ciudad y recorrimos el centro mientras resolvíamos dos temas importantes, hacia dónde seguir y qué cenaríamos esa noche.

Queríamos algo un poco más elaborado que una simple pizza y de allí nació la idea de hacer un calzón. Un relleno sabroso y una masa perfecta no son suficientes. Cuando parecía estar todo listo nos dimos cuenta que la falta de experiencia nos había llevado a una situación delicada: teníamos un hermoso calzón sobre la mesada, pero al intentar moverlo a la improvisada fuente amenzaba con convertirse en una bola amorfa de masa, salsa bechamel y espinacas.

Mientras Lioedgar buscaba el número de algún delivery, Debi y Seba se armaron de coraje y destreza y lograron la mudanza.
Fue un momento muy agradable, el optimismo de Aida merece mención! Nada parecía pertubar la calma de la mujer, para ella, todo tenía solución.
Muchas fueron las bromas y risas esa noche, que concluyó disfrutando de un – modestia aparte – sabrosísimo calzón.

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