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Un viaje largo y un intento de aventón dio como resultado dos mochichetos cansados. Llegar a Coro nos tomó todo el dÃa y tuvimos que buscar hospedaje sin contar con la luz del sol, bajón!
La idea era pasar allà la noche para conocer los medanos bien temprano y asà seguir viaje a Maracaibo.
Terminamos por tanto, durmiendo en la hosterÃa más cercana a la terminal. Esta resultó ser una especie de vecindad del Chavo con la diferencia de que sus inquilinos bebÃan demas.
A la mañana siguiente dejamos las mochilas en la terminal y con un carrito – autos americanos de los 70 generalmente en estado calamitoso que funcionan como taxis compartidos – llegamos al Parque Nacional.
El lugar es un desierto, por lo que no tiene mucho sentido describirlo, pero sà los invitamos a chusmear las fotos y ver cómo nos divertimos durante un buen rato.
El resto del dÃa lo emplearÃamos en seguir viaje hacia el oeste, para llegar finalmente a Maracaibo.
Antes de lo pensado estuvimos en la ciudad que cumple con su fama: 40 grados a la sombra convierten al lugar en un infierno!!!
Por suerte pasó a buscarnos por la terminal AgustÃn, el último anfitrión venezolano. Con él, sus amigos y familia, pasamos 4 dÃas inmersos en el folklore maracucho, es decir, muuucha comida, música, un poco de polÃtica y cantidades biblicas de cerveza regional.
Por nuestro lado también hubo aporte y cada vez que se podÃa nos encargabamos de cebar una ronda de matienzos ![]()
Durante la mañana del 5to dÃa nos despedimos de Agus y también de este curioso paÃs para aventurarnos en Colombia.
Etiquetas: Maracaibo, Medanos de Coro, Venezuela
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