Nos despertamos tempranito para evitar viajar con el calor del mediodía.
Después de la cena habíamos recibido la feliz noticia de que nos hospedarían en Valencia y una vez más nos fuimos a dormir con la sensación de que las cosas, solitas, siempre se van dando.
Seba amaneció con fiebre – nada extraño al exponerse constantemente a fuertes cambios de temperatura – lo que atrasó un poco todo, pero finalmente a primera hora de la tarde tomamos el pequeño autobús que, después de dos calurosas horas, nos dejaría en Valencia.
Nos pusimos en contacto con Ninoska, nuestra anfitriona valenciana y enseguida estuvimos al tanto de la situación: desde la madrugada se encontraba sin luz y en circunstancias tales el hecho de vivir en un décimo-sexto piso no es un detalle menor.
Dando vueltas de un lado a otro llegó la noche y con ella volvió la luz. Nos instalamos entonces en el cómodo living y pusimos punto final a lo que, para el afiebrado Seba, había sido un largo día.
Por la mañana bien temprano Nino partió hacia Caracas para hacer algunos tramites y volvió cuando ya era de noche. Fue una jornada tranquila por demás, mientras mirabamos tele y descansabamos, Debi -fiel compañera- ponía en práctica todos sus conocimientos de medicina casera para bajar los 39 grados que maltraían a Seba.
Acostarnos nuevamente temprano ayudó a que nos despertaramos a una hora razonable como para aprovechar bien el día y conocer Morrocoy. Pasamos a buscar a un amigo de Nino y marchamos al paradisíaco Parque Nacional que está compuesto por una serie de cayos (islas) con playas dignas de una postal. Tanto es así que luego de caerse el plan de Los Roques averiguamos sobre la posibilidad de acampar unos días aquí, pero adivinen qué? La sequía una vez más boicoteo nuestras ideas, en una medida preventiva la Dirección de Parques Nacionales suspendió los permisos para pernoctar en todas las reservas.
Pero como este viaje siempre nos da revancha tuvimos la suerte de conocer el bonito lugar, pasar una tarde con buenos amigos y como si algo faltara, por la noche, tomarnos unos tragos en Bambú, el bar de Nino… Mejor, imposible!!
Entre tanta charla, nos decidimos sobre nuestro próximo destino y de eso les escribiremos, claro, en la siguiente entrada